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ISMN: 9790901314160
EL ALBENIZ FINAL
Dejando a
un lado imprecisas noticias sobre la existencia de romanzas en francés y
catalán, y de algunas canciones en castellano, posiblemente perdidas o
destruidas por el compositor, Isaac Albéniz (1860-1909) nos ha legado 32
canciones compuestas en diferentes épocas. Salvo tres de ellas, que ponen música
a textos franceses de Alfred de Musset, Albert Costa de Beauregard y Jean de
Lafontaine, el resto agrupan varias canciones, reunidas por tener algo en común.
Las cinco primeras se titulan Rimas de Bécquer y las une el inspirado
estro poético del gran escritor sevillano, cuyo Libro de los gorriones
(luego Rimas) constituye un hito en la poesía romántica española.
Las cinco
canciones sobre Gustavo Adolfo Bécquer ofrecen la particularidad de tener dos
versiones, la habitual para canto y piano, y otra sin cantante, para piano y
recitador.
El
segundo grupo de canciones de Albéniz está formado por una serie de poemas de
María Paulina Sprecca Piccolomini, de antigua y culta estirpe sienesa. Son seis
en total, cantadas en italiano, que llevan el título general de
Baladas.
Más tarde hallamos dos grupos, de seis canciones cada uno, sobre textos ingleses
del poeta Francis Burdett Money Coutts, de noble familia británica. El primero
ha sido denominado To Nellie, y el segundo figura como
Six songs.
Encontramos también un mínimo agrupamiento de canciones, el denominado Deux
morceaux de prosa (dos trozos de prosa), sobre textos del novelista francés
Pierre Loti, muy afecto, como Albéniz, al País Vasco.
La última
serie de canciones, también sobre textos de Money-Coutts, fue compuesta por
Albéniz en París. Lleva por título Quatre mélodies en su primera edición.
Estas cuatro canciones, verdadero testamento musical del gran compositor
español, tienen texto inglés, pero fueron traducidas al francés por Michel
Dimitri Calvocoressi.
El feliz
descubrimiento del Albéniz lírico es reciente. Por supuesto, en el pasado,
incluso en su misma época, hubo quien captó su genio en este terreno, el de las
canciones, la zarzuela, la ópera, la gran ópera. Sin embargo, ha sido nuestro
tiempo, tan apartado en muchas cosas de su mundo pero a la vez más receptivo a
lo que era excesivamente nuevo y complejo para los oyentes de hace un siglo, el
que ha rescatado esa vertiente de su personalidad. Una individualidad, la de
Albéniz, tan fuerte, tan generosa y arrolladora como inclasificable. Un genio,
en definitiva, muchas de cuyas creaciones exceden a su época.
En las
canciones de concierto aparece con frecuencia esa genialidad, pero pocos
intérpretes han sabido evidenciarla, tratándolas cual si fueran piezas de salón,
más o menos inspiradas e interesantes, pero convencionales. Sin embargo, en la
producción liederistíca de Albéniz encontramos partituras sorprendentes, en las
que un piano de luminosa belleza y rica armonía sustenta melodías de muy
diferente estilo y características. Esto ocurre en su obra madura, las canciones
sobre textos ingleses. Las compuestas sobre poemas españoles, italianos y
franceses son valiosas, pero no tan depuradas y personales.
Las
canciones en inglés de Albéniz son dieciséis. A una de ellas le faltan las
primeras páginas en el manuscrito conservado por su nieta Rosina Moya Albéniz.
Me refiero a A song; Laugh at Living. Entre ellas se hallan las bellísmas
que, al modo straussiano hemos decido llamar Cuatro últimas canciones (In
Sickness and Health, Paradise Regained, The Retreat y Amor, Summa
Injuria), dedicadas a su buen amigo el compositor Gabriel Fauré.
Todas
estas canciones se basan en poemas de Francis Burdett Money- Coutts (1852-1923),
que firmó sus obras con el nombre de Mountjoy. Poeta y dramaturgo, era nieto del
banquero Francis Burdett (1770-1844) y sobrino de la escritora Angela Georgina
Coutts, baronesa de Latymer, tan notable como para mantener una larga
correspondencia con Charles Dickens y haber sido retratada por Sir William
Charles Ross (Nacional Portrait Gallery, Londres). De ella heredó Money-Coutts
muchas y valiosas acciones bancarias, más el título de Lord Latymer, pasando a
formar parte de la cámara de los lores de Inglaterra. Abogado, ejerció como
procurador de Surrey.
El padre
de Lord Latymer fue el Reverendo James Drummond Money y la madre, Clara Maria
Coutts, hermana de la citada Angela Georgina.
Lord Latymer, Francis B.
Money Coutts, heredó una fortuna, pero su nombre no figura entre los directivos
del banco Coutts. Prefirió la literatura.
Casado con Edith
Ellen Churchill y sin duda fuertemente enamorado de ella, como muestran sus
poemas, su relación matrimonial fue muy agitada, casi siempre por causa de los
celos, separándose tras quince años de vida en común. No tuvo Albéniz nada que
ver en esta separación, pero acaso Helen Coutts (Nellie) mostrase hacia él una
admiración rayana con el amor. Albéniz era jovial, entusiasta, gracioso, todo lo
contrario de su marido. De ahí la profunda antipatía que la esposa del
compositor, Rosina Jordana, sintió hacia ella, transmitida a sus hijos. En ese
sentido, es significativa la carta que Nellie escribió a la muerte de Albéniz, a
los hijos de éste iniciada de este modo: “Queridos míos: No os puedo decir lo
que os diría, ¡no puedo! Tengo roto el corazón. He estado con vosotros todos los
tristes días e incluso las noches, y no hace falta que os diga todo lo que
vuestro querido padre significaba para mí. Era tan noble y tan bueno, tenía una
palabra amable para todo el mundo. Nunca he conocido una naturaleza como la
suya. Cómo lo echaré de menos, era la luz de mi vida…” Los hijos de Albéniz,
sin embargo, conservaron siempre un buen recuerdo y agradecimiento hacia Francis
Money-Coutts. Hoy, todos los estudiosos del compositor español coinciden en
señalar la buena relación entre el músico y el escritor; una amistad sincera,
forjadora de grandes consecuencias artísticas y de un provechoso intercambio de
pareceres, pero nunca fruto de la tiránica imposición al “pobre músico” por el
“rico banquero”, según propalaron los primeros biógrafos de Albéniz.
Es cierto que éste
se vio constreñido a componer sobre temas que no favorecían a su estilo, pero
Money – Coutts se esforzó en trazar el libreto de Pepita Jiménez a partir
de una novela andaluza de Juan Varela, viéndose obligado a redactar por deseo de
Albéniz, una serie de poemas –The Alambra, Lindaraja, Zambra, El cerco, y
La silla del moro-, sobre asuntos ajenos a él, aunque le interesaban
debido a su victoriana inclinación por lo éxotico.
La amistad entre
Albéniz y Lord Latymer fue muy grande y el entendimiento mutuo. Money-Coutts, en
uno de sus libros de poemas, al referirse al Señor Albéniz, puso entre
paréntesis “quien, a pesar de su nacimiento, pertenece más bien a Inglaterra
,que a España”, una forma de expresar su afecto y admiración hacia él. Y en
cuanto a Albéniz, basta escuchar las tres operas escritas sobre libretos de
Money-Coutts: Henry Clifford, Pepita Jiménez y Merlin y por supuesto sus
espeléndidas canciones, para comprobar que ni por asomo se sintió incómodo con
los textos de su buen amigo, sino todo lo contrario.
Las Cuatro
últimas canciones fueron publicadas en París por Rouart, Lerrolle. En la
traducción de Calvocoressi aparecen con estos títulos: Quand je te vois
souffrir (Cuando te veo sufrir); Le paradis retrouvé (El paraíso
recobrado); Le refuge (El retiro) y Amor summa injuria (Amor,
máxima herida). Son canciones altamente expresivas, con un complejo
acompañamiento pianístico, reminiscente del piano de Iberia, y una
armonía muy cromática que permite un discurso modulante. Es una manera de
expresar de modo más intenso y emotivo su dolorido sentir, según Justo Romero
“más que como un crepuscular canto de despedida, como una serena y plácida
reflexíón sobre el pasado desde la lucidez de un presente que intuye plenamente
su truncado futuro.”
No hay que olvidar
que las canciones están escritas sobre los textos de un aristócrata que tuvo una
turbulenta relación con su esposa, a la cual amó apasionadamente.
La primera, In
Sicknerss and Health, expresa en su texto ese amor. La enfermedad de la
amada supone para el poeta la visión de este mundo como un planeta enfermo, y la
música más hermosa y jovial (que para Money Coutts era la de Albéniz) es solo
“la cadencia conclusiva de un lamento”. Es una canción bellísima y posee un
melodismo elevado, que vuela hacia la dulzura y la nostalgia. Hay un cierto
paralelismo con momentos tristes, melancólicos, de
Iberia.
La segunda
Paradise Regained, presenta un clima sereno y feliz en ese jardin
paradisiaco del que han huido la pena y los suspiros. El piano persiste en la
primera estrofa con un breve diseño que vuelve una y otra vez. La última estrofa
nos presenta con delicadeza la sencillez y bondad del corazón de la amada.
En la tercera,
The Retreat, Albéniz no quiere entrar del todo en el juego de la desolación
y el abandono propuestos por el mülleriano poema de Coutts, escrito acaso bajo
los efectos producidos en él por el progresivo deterioro de la salud de su
admirado amigo, el compositor español. Sin este, no encuentra nada en el mundo
que le haga feliz. Si leemos los poemas que Francis B. Money-Coutts dedicó a
Albéniz en sus libros The Alambra and Other Poems, nos daremos cuenta de
hasta que punto el poeta inglés admiró y amó al músico español. El largo poema
In memory of Isaac Albéniz comienza de este modo: “Querido amigo: aun
alejado por la muerte pareces tan cercano que ries con mi risa y suspiras con
mis suspiros. Si veo una bella imagen, si oigo un a dulce melodía, siento que
estás conmigo, bondadoso compañero…“ En otro poema le dice: “Te sientas y me
hablas cuando cae la noche, vienes y me acoges cuando la luz levanta. Todo el
día, con lo bueno y con lo malo, vienes a mí o me notas a tu lado. Tenemos
tantos sitios donde nos encontramos; a veces un jardin, con un asiento arbolado,
donde las aves cantan resguardándose del sol y corren las aguas plateadas del
Támesis o el Arno…”
Resulta curioso
como Coutts vuelve a referirse a estar sentado con su amigo en un lugar apacible
para charlar, en la canción The refuge no bajo los árboles donde los
pájaros cantan a la sombra, sino “befote the cozy fire” (ante el fuego
acogedor). La última estrofa de esta canción desolada, imprime más pasión y
convencimiento y pone la nota más alta en la palabra “friend” ( o “ami” en la
versión francesa). Ni que decir tiene que The Retreat es un poema
dedicado a Albéniz por su autor. Albéniz, sin embargo, dedicó sus cuatro últimas
canciones a otro amigo del alma y vecino en los años finales de París, Gabriel
Fauré.
En la cuarta y
última canción Amor, Summa injuria, el piano nos conduce a través de un
febril y apasionado canto de arrepentimiento, que llega a ser suplicante e
intenso en la última estrofa. Su relación con la estética impresionista, muy
presente entonces en el mundo musical francés a través de Debussy, o Chausson,
ha llevado a su transcriptor para orquesta, a preferir, para estas canciones, la
traducción francesa al original inglés, aunque en ambos idiomas las canciones de
Albéniz revelan su belleza.
Las Quatre
Mélodies o Four Songs, han sido transcritas para sorprano, arpa y
orquesta de cuerdas y para orquesta sinfónica por el director, organista y
compositor vasco Gorka Sierra Larrinaga (Bilbao, 1955).
Preparado para esas
tres actividades musicales por los prestigiosos maestros Olivier Messiaen y
Marcel Duruflé, Sierra completó su amplia formación con Karl Richter en
Alemania. Director del coro Itxas Soinua y más tarde titular del coro de la
Sociedad Coral de Bilbao, desde 1984 hasta época muy reciente, Gorka Sierra ha
cultivado la composición coral y sinfónica con gran acierto. El desaparecido
maestro García Navarro ofreció en Madrid, al frente de la Orquesta Sinfónica de
Madrid, el 2 de marzo de 2000 las Variaciones sobre un tema vasco de
Guridi, compuestas originalmente para órgano, orquestadas por Gorka Sierra de
modo magistral. Anteriormente, el 4 de octubre de 1990,había causado un gran
impacto su oratorio Gernika que dirigió Odón Alonso, también en el
Auditorio Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Bilbao y a la Sociedad Coral de
la capital vizcaina, además de a cinco solistas vocales.
El éxito de sus
obras para voces y su dominio de la orquesta llevaron a quien esto escribe a
encargarle la orquestación de las cuatro últimas canciones de Albéniz.
Gorka Sierra ha
llevado a cabo una versión urtetx, fiel al manuscrito original de Albéniz para
voz y piano, es decir, nota por nota de lo que allí puso el compositor español.
Si la comparamos
con otras ediciones, la versión para piano y voz de Gorka Sierra se ajusta
totalmente al original, y no del todo en las versiones para voz, arpa y orquesta
de cuerdas, y para voz y orquesta sinfónica, en las que la cuarta de las
canciones Amor, Summa injuria pasa del re bemol mayor del manuscrito, a
mi bemol mayor.
En el original
encontramos a veces duplicidades en la sonoridad, pero es Albéniz quien lo
quiere así. Su estética ha evolucionado mucho, como se aprecia en sus piezas
para piano de Iberia. El compositor ya no tiene ningún reparo en hacer
uso de procedimientos armónicos a los cuales no se hubiera atrevido a recurrir
anteriormente. Por ejemplo, en alguna edición aparece un cambio de tonalidad en
los compases 27 y 28 de la canción In Sickness and Health que no figura
en el original. Albéniz no desea ese pretendido cambio de color que algunos
creen haber visto tal vez llevados por las palabras del poema “dissonances et
terreurs!” o bien, en inglés “final dissonance of fear”. La tonalidad, sin
embargo, sigue siendo la misma en el manuscrito autógrafo de Albéniz.
Las cuatro
canciones en el orden de su publicación en París en el año 1909 están en las
tonalidades de fa menor, la bemol mayor, do menor y re bemol mayor. Son
tonalidades difíciles para cuerda, especialmente la última, de manera que Gorka
Sierra, en las versiones orquestales que ha realizado ha preferido su relativa
mayor, mi bemol mayor.
Considera el
maestro vasco que subir un tono no afecta demasiado a la voz, pues hay zonas muy
graves en la canción Amor, Summa injuria y además ayuda formalmente al
conjunto de las cuatro canciones.
Recordemos que la
segunda canción está en la tonalidad relativa mayor del fa mayor que preside la
primera y a su vez el mi bemol mayor de la cuarta sería el tono relativo al do
menor de la tercera. Se han corregido pues, faltas en las alteraciones, en los
matices, cambios de tonalidad inexistentes, etc., de otras ediciones
Por otra parte, ha
otorgado mayor densidad armónica a las cuatro piezas, completando esas armonías
e intenciones sobreentendidas que el piano no puede cubrir. El arpa viene a
subrayar el carácter impresionista de la composición, que requiere una soprano
dramática como solista.
Albéniz compuso las
Cuatro últimas canciones durante el segundo semestre de 1908, es decir,
pocos meses antes de su muerte, ocurrida el 18 de mayo de 1909 en la localidad
vasco francesa de Cambó-les-Bains. En ellas destila todo su saber y un
sentimiento crepuscular ante la amenazante visita de la parca, ciertamente
conmovedor.
El goethiano
“poesía y verdad” se hace realidad en estos pentagramas de Albéniz, tocados por
el presagio de cuán inmediata se presentaba la pérdida irremediable de la vida.
Iberia está detrás, pero la voz y el significado de los textos intensifican
también la expresión hasta extremos a veces perceptiblemente dolorosos.
ANDRES RUIZ
TARAZONA
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